"La felicidad no se encuentra: se cultiva en cada paso, incluso en los que duelen." — R.B.M.
Nací, crecí y viví en un hogar feliz. Pero llegó el día en que abandoné el nido e inicié mi propio camino. Ese día sentí un gran vacío. Algo me faltaba, y no sabía qué. Entonces conocí la soledad y la tristeza. Lloré, sequé mis lágrimas y seguí andando.
Visité otros lugares, conocí gente nueva y aprendí a compartir. Caminé con rumbo cierto, buscando un propósito en la vida. Fallé muchas veces, pero aprendí de mis errores y también de mis aciertos. Sentí el dolor de la derrota y caí, pero aprendí a levantarme. Amé y probé el sabor amargo de la desilusión, pero nunca perdí la esperanza de encontrar un nuevo amor. Formé un hogar y tuve hijos; reí y lloré con ellos.
Recorrí un largo trecho buscando aquello que me faltaba, sin darme cuenta de que lo llevaba conmigo: la capacidad de afrontar las dificultades y alcanzar lo que siempre deseé… la felicidad.
"No tengas miedo a las dificultades, porque siempre las encontrarás."
Epilogo
Hoy, al mirar atrás, no veo un camino perfecto, sino uno verdadero. Cada lágrima, cada risa, cada caída y cada abrazo fueron parte del viaje hacia mí mismo. Lo que buscaba afuera siempre estuvo dentro: la fuerza de seguir, el amor de compartir, y la paz de saber que viví con propósito.
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